Carta al presidente Juan Manuel Santos
Bogotá, veintidós de Febrero de dos mil
quince,
Estimado Presidente Juan Manuel Santos, la
presente es para comentarle sobre mi molestar acerca de la mayoría de sus
políticas gubernamentales. Sus
recurrentes injusticias y populismo barato que ni usted mi estimado se cree. Quiero preguntarle si usted pidió que le
dejaran los tratados de libre comercio en el baño, porque firma con todos los
países como si tuviera un dispensador de papel higiénico de baño público. Como se atreve a entorpecer las vidas de
nuestros campesinos, aquellos que lo alimentan a usted y a todos nosotros con el esfuerzo heroico de
un país que no da garantías y no vela por la seguridad de sus habitantes. Como intenta entorpecer la vida de un
comerciante menor firmando tratados con potencias de Asía, ¿cómo espera que la
gente humilde y trabajadora siga levantándose cada mañana si más tarde no
tendrá que hacerlo porque tendrá que salir a las ciudades Colombianas a
mendigar? Usted jamás sintió que es pasar una necesidad o que es luchar por las
cosas verdaderamente necesarias para vivir. Usted viene de una familia rica, una familia
dueña de una tajada del pastel que hoy llamamos Colombia. Y no lo culpo por ser rico, poderoso e
influyente. Quejarse por eso sería de
mediocres religiosos. Pero no es justo
que usted quiera seguir enriqueciendo a los ricos, y dejando en la absoluta
miseria a los más pobres.
Su política de relaciones exteriores me causó
alivio cuando restauró las relaciones con nuestros países vecinos, pero aún no
me olvidó lo que ocurrió en San Andrés. Independientemente a que no fuese su
culpa o quizá no fuera completa sigo preguntándome por la situación que viven
los habitantes y pescadores. Porque en
su gobierno, al igual que los anteriores, dejo en el olvido el archipiélago,
sin mencionar el occidente del país.
Cuando quiso extender sus relaciones, surgió el tema de la eliminación
de la visa Schengen y usted muy cínico les agradeció a los países
Europeos por que ahora querían recibir a los Colombianos “con los brazos
abiertos”. Después de décadas de ser
tema en las asambleas de esos países porque representábamos una invasión, pero
todos en crisis somos caras felices, usted no exigió respeto por todas las
veces que nosotros los “Coqueros” y los “Sudacas” fuimos discriminados allá. Ahora que Europa está en crisis, necesitan de
nosotros los “Sudacas”. ¿Cómo es posible
que en su política se les permita la entrada al país a los españoles? ¡Deberían
de exigirles visa para ingresar a nuestro territorio! Pero como a usted no le
importa lo que pueda pasar, mucha gente de allá, está acá quitándole el trabajo
a nuestra gente, a su gente. Porque
tenemos un problema de glorificación extrema al extranjero. Hablo desde mi área audiovisual y de
producción donde ya desde el inicio es una carrera y un trabajo difícil en
nuestro país, pero usted no facilita las cosas señor presidente.
Siempre he pensando que la gente que no le
gustan los perros, o disgustan de los animales, son malas personas. Y usted presidente, pudo haber acabado con el
asesinato que ocurre u ocurrirá en la plaza de la Santamaría. Todo y si no fuera por sus intereses
familiares. Juan Manuel Santos, es usted
un asesino, es usted un asesino de lo más puro creado por el bosón de higgs,
los animales.
Yo voté por usted en la segunda vuelta
presidencial de las elecciones pasadas.
Pero no fue por sus políticas o propuestas. Fue por el proceso de paz que usted
adelantaba. Sin embargo, usted atribuyó
su éxito a lo anterior mencionado. Se
equivoca, puedo decir que la mayoría de las personas que votamos por usted fue apoyando
el camino hablado a la paz. También
votamos para que Colombia no tuviera una dictadura democrática con un títere de
un paramilitar en la cabeza visible del poder.
Pero sí de algo puedo estar seguro cuando se acabe este proceso es que
sí las partes y nosotros como Colombianos podemos vivir en paz, todas las
desigualdades e injusticias que vivimos día a día pueden revaluarse para llegar
a ser lo siempre debimos y debemos ser, la potencia de América latina.
Atentamente,
Nicolás Casanova